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jlnadal
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Re: “Noticias de Ciencia"

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La Revolución Neolítica de los Organismos del Suelo: Sobre el Ciclo del Nitrógeno, Monocultivos, Hormigas y Bacterias



Por no inventar, ni los monocultivos. El ser humano, con su tecnología, suele redescubrir mecanismos ya desarrollados por otros organismos vivos. Sin embargo, mientras los segundos son sustentables, los nuestros no. Ni siquiera plagiamos bien, como los malos estudiantes. Nuestros cultivos requieren necesariamente (¿?) fertilización, mientras que los de las hormigas y termitas no. Homo sapiens sapiens dedicados a edafólogos descubrieron hace unas décadas la fijación biológica del nitrógeno por los microorganismos (ya sean especies que viven libremente, o asociadas a los sistemas radicales de ciertas plantas vasculares). Sin embargo, las cantidades producidas no eran suficientes con vistas a cubrir sus demandas, derivadas de un desorbitado crecimiento demográfico y excesivo productivismo. En consecuencia, desarrollamos los fertilizantes nitrogenados. Su uso y abuso ha convertido el medio ambiente en una cloaca, alterando seriamente el ciclo del nitrógeno de la biosfera. Diversos expertos opinan que, este último, ha sido afectado más seriamente que el del propio carbono, aunque de momento no nos percatemos de todas las consecuencias. Los dos notas que comentaremos hoy, que dan cuenta de otros tantos artículos de investigación, nos informan de que para otras especies: (i) los monocultivos si pueden ser sustentables durante decenas de millones de años; (ii) que su actividad no solo les basta para subsistir, sino que, regalan nitrógeno a la biosfera, ya que se acumulan evidencias de que los cultivos de hongos llevados a cabo por hormigas y termitas desprenden una enorme cantidad de este elemento en forma asimilable, esencial para el funcionamiento de los ecosistemas tropicales y subtropicales; (iii) al construir sus gigantescos nidos “labran el suelo (bioturbación) de un modo también sustentable, permitiendo el reciclado de nutrientes que, de otro modo, se perderían por los lixiviados pluviales de los sistemas edáficos muy pobres en los mismos y (iv) que las ciudades con millones de individuos, no solo son sustentables, sino incluso beneficiosas para la salud de la biosfera. ¿Han falta más lecciones para ilustrar que andamos por mal camino?

Ya sé, alegaréis que las grandes diferencias existentes entre estos bobos animales y la superdotada inteligencia humana invalidan tal paralelismo conceptual. Empero a las pruebas me remito. Hormigas y bacterias han sobrevivido durante decenas de millones de años, mientras nosotros vamos caminos de la extinción en unos 10.000 añitos, de no cambiar drásticamente de rumbo.



Las dos noticias extraídas de Sciencedaily espaciadas en el plazo de muy pocos días, dan cuanta de las actividades de hormigas y termitas, así como de su potencial para que puedan edificarse los ecosistemas tropicales y subtropicales que tanto nos fascinan. ¿Cómo serían estos últimos sin la existencia de estos organismos edáficos? Con toda seguridad, muy diferentes. Y aun así, seguimos despreciando la imperiosa necesidad de abordar seriamente un inventario de los seres vivos que habitan en el suelo. ¿No somos imbéciles? Lo que sí ha demostrado el ser humano es que la idiotez e inteligencia pueden cohabitar sin mayores problemas. ¿Ahora bien se puede sobrevivir así? Probablemente tan solo durante un breve lapso de tiempo, si no utilizamos nuestro cerebro y la tecnología derivada de él de una manera más eficiente.

Como señala la primera noticia, tan solo en el bosque amazónico las hormigas cuadruplican la biomasa de todos los demás animales juntos, sin alterar el equilibrio del ecosistema, sino generándole imprescindibles beneficios. ¿Cuánto ascendería tal cifra si se sumaran todos los organismos que viven en el suelo?

Tanto hormigas como termitas, adolecerían de un alimento de muy mala calidad, y posiblemente cultivos de escasa productividad, si no fuera porque introducen en el sustrato y/o su propio cuerpo bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico. Dicho de otro modo, sin el auxilio de tales organismos simbiónticos ellas mismas tampoco podrían sobrevivir. Obviamente hablamos de mutualismo, pero hay matices. Desde luego, de acuerdo a los estudios que abajo os muestro, la actividad de las bacterias fijadoras de nitrógeno no parece ser accidental. No se comportan como turistas accidentales, precisamente.



Las hormigas, requieren de tales bacterias a la hora de construir los huertos subterráneos de hongos imprescindibles en su alimentación. Cortan y trasladan restos de hojas a sus nidos. Estos servirán, junto a sus propias heces, como sustrato para el cultivo de sus “champiñones”. Pero para que tal actividad tenga éxito, requieren una hasta ahora desconocida simbiosis con las ya mentadas bacterias fijadoras de nitrógeno. Su éxito evolutivo ha sido tan enorme, que se sospecha que tal “agricultura” proporciona la mayor fuente de nitrógeno del suelo en los ambientes tropicales (y en menor medida de otros), un factor otrora limitante para el desarrollo de la vegetación. Como mínimo, tal agricultura a permanecido sin generar problemas (más bien todo lo contrario) desde hace 50 millones de años, alimentando sus ciudades subterráneas compuestas por varios millones de individuos. ¿Esto no es sustentabilidad? Y hablamos de monocultivos.

Pero lo mismo ocurre también con las termitas, también en los neotrópicos, desde hace al menos 30 millones de años. En África, parecen cohabitar unas 330 especies de estos animalitos, sin que se exterminen entre sí, hasta que solo quedara una. Por tanto, como en el caso de las hormigas, se convierten en uno (si no el que más) de los principales recicladotes de nutrientes y materia orgánica en los bosques tropicales húmedos africanos. Al menos en el caso de las termitas, siembran esporas de los denominados “termitomicetos”. Pero no son egoístas, ya que al menos una vez al año, los cuerpos fructíferos de los estos hongos afloran por la boca de los termiteros, dispersando al ambiente sus esporas. Un hecho sorprendente deviene que, de alguna forma, su actividad selecciona tan solo un determinado genotipo del hongo cultivado, entre otros muchos existentes en la naturaleza, algunos de los cuales también están presentes en el sustrato inicial del cultivo. Por sorprendente que parezca, parece existir pues algún tipo de selección genética de los cultivares. Y aquí nosotros redescubriendo la “dinamita”. En mi opinión se necesitan estudios más detallados que nos demuestren como realizan tales tareas, con vistas a aprender algo de la tan cacareada sustentabilidad. Dime de que presumes y te dirá de qué careces.



Os dejo en este enlace una maravillosa descripción que a tal respecto nos realiza Lynn Margulis, la “madre” de la teoría simbiogenética de la evolución. No os la perdáis.

Continúa...http://www.madrimasd.org/blogs/unive...0/01/18/131475



Jose Luis

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